Un fuego* que destruye, transforma e ilumina
En la obra previa de Delfina Nina abundan los autorretratos de gran formato, en estos su rostro acompañado de diversos elementos domina la composición; estas obras son el resultado de una autoobservación juiciosa; ¿quién soy?, ¿a dónde pertenezco? son las preguntas más obvias de las muchas que Delfina se hace. En este proceso, la artista poco a poco profundiza en su cuestionamiento y llega a una pregunta detonante: “¿qué se esconde tras la superficie de esta persona que soy yo?”.
Aquí posiblemente está el punto de inflexión en el cual Delfina descansa del fotorrealismo y nos muestra lo que está más allá de las vísceras; nos coloca en un espacio limítrofe donde la muerte da cobijo a la vida. Un espacio en el cual la putrefacción origina el sustrato para el resurgimiento. En la muestra nos devela la construcción de su nuevo lenguaje expresivo; manchas, garabatos y chorreados se tornan en formas orgánicas, cúmulos de larvas, revoltijos orgánicos, nudos tensionados.
Esta nueva manera de encarar el autorretrato tiene como consecuencia el generar un reflejo ya no solo de sí misma, sino de una atmósfera de tensión que nos es familiar. Mediante estas formas Nina pasa a materializar el aire que respiramos; un nudo suspendido en el ambiente y en la garganta que nos remite a la incertidumbre; un miedo que la artista identifica en el trauma antiguo que proviene de la invasión europea y de la cruenta imposición de una religión foránea, trauma que tiene eco y se reproduce de múltiples maneras hasta nuestros días.
Ama, título de la exposición está concebido desde sus definiciones del quechua y castellano; “ama” en quechua es una de las maneras de decir “no”, Delfina lo utiliza como un “no” ahogado, un “basta” no escuchado. Por otro lado, los siguientes significados que utiliza la artista provienen del castellano, se refiere al amar y también a la posesión y responsabilidad sobre lo vivido; se vincula a una nueva fortaleza producto de la sanación